Un Dios Deleitoso, Canalla y Hostil

Un Dios deleitoso, canalla y hostil nos vigila desde su lúgubre morada. Observa con indiferencia y distancia nuestros aconteceres más diversos, de los cuales obtiene su sosiego y calma. Nos ha creado para su deleite y disfrute. Somos simples marionetas que conforman su esparcimiento cotidiano.

Bien pudiera interceder a nuestro favor para aligerarnos el sufrimiento, o permitirnos un mundo más justo y feliz, sin embargo, ¿por qué iba a hacerlo? ¿Mejoraría en algo su deleite?

Somos su pequeña pantalla de cine. Lo que le divierte es la propia imperfección que alimenta su ansia de entretenimiento. Los simples aconteceres de nuestra vida le satisfacen e intrigan.

Un ente inteligente busca desesperadamente su deleite. Satisfechas sus necesidades básicas de supervivencia, tan sólo le motiva y entusiasma el disfrute del placer. El deleite en todas sus vertientes y posibilidades. Opciones infinitas e inabarcables ansias por satisfacer.

El Dios deleitoso nos escudriña desde sus remotas tinieblas con la misma avidez e indiferencia con la que nosotros podemos contemplar cualquier documental de National Geographic. Levemente intrigados, en principio, cuando la poderosa leona comienza con tímidos trotes la persecución de la grácil gacela, e indiferentes por completo, pero satisfechos, cuando verificamos como el malogrado animal es descuartizado y devorado sangrientamente por toda la manada, bajo la atenta mirada de hienas, buitres y demás aves carroñeras del lugar.

Lo cierto es que jamás se nos ocurriría interceder por la simpática gacela, pues tal acción menoscabaría rápidamente nuestra diversión y entretenimiento. Además, el león ha nacido para comer gacelas, y las gacelas para ser comidas por los leones. Y tanto gacelas como leones, para que nosotros disfrutemos del espectáculo. ¿O no?

Y cuando fallezca el anciano león me temo que no lo recogeremos piadosamente, para llevarlo a un hermoso paraíso de amplias llanuras y danzarines herbívoros a go go. Ni mucho menos. Simplemente habrá muerto. Y otros leones y gacelas volverán a corretear por la sabana, para amenizar nuestras soporíferas tardes mientras hincamos el diente a nuestra hamburguesa vegana.

Dios es igual que nosotros. Similar en sus apetencias y necesidades. Somos sus gacelas y leones. Hemos nacido para su simple entretenimiento y sosiego. Le proporcionamos deleite con nuestros infortunios y alegrías. Somos su Gran Hermano, su Prime Time, su Best Seller, su jobi y su pasatiempo. En fin, somos su deleite. El deleite de un dios canalla y hostil.

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